
Dibujo a carboncillo realizado en la cárcel por el dramaturgo Antonio Buero Vallejo. Miguel Hernández se lo envio a Josefina junto con una nota que decía: "No quiero dejar de cumplir en lo que puedo mi palabra, y ya que no puedo ir de carne y hueso, iré de lápiz, o sea, dibujado por un compañero de fatigas, como verás bastante bien. Se lo enseñarás al niño todos los días para que vaya conociéndome, y así no me extrañará cuando me vea."
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
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Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
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Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
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Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el rio
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocio.
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Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
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Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
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Ningun rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
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Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
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Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
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Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
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Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.
Miguel Hernández

2 comentarios:
Hermoso y tremendo poema de Miguel Hernández; bella, la versión de Serrat. Gracias por compartirlos, con los Reyes a punto de llegar. Ojalá no hubiera abarcas desiertas en las ventanas frías.
Un abrazo.
Gracias Antonio.
Es descorazonador leer este poema y ponerse en la piel del niño que ilusionado esperaba su regalo de reyes. Estoy contigo,ojalá no existieran esas abarcas en la actualidad, pero lo triste es que existen.
Un abrazo
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