Detrás de los relojes







Me voy porque ya el viento 
no cruzará detrás de las paredes con ventanas herméticas.
Ahora me persigue igual que un guardaespaldas
sin saber que me incordia .


El tiempo ya no avanza al mismo paso
y me quedo detrás de los relojes.


Ya no muevo las riendas del olvido
atada a los barrotes del afecto,
donde risa y dolor fueron la misma cosa.
Aprendí a sonreír mientras lloraba el día
y por eso presiento la tristeza 
de un andén en silencio.


Soy un adiós que nunca se despide,
un adiós sin reproches porque sigue pegando
los rotos de la vida.


Lo sé,
me voy y lloverá
por dentro de mi invierno.



Rosario Alonso

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