Jennifer Maestre. Lápices y erizos
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Jennifer Maestre


Jennifer Maestre y sus erizos de  "colores"


Jennifer Maestre (Johannesburgo, 1959) es una escultora sudafricana, artista residente en Massachusetts, conocida internacionalmente por sus esculturas de lápices.

Se graduó en el Wellesley College y obtuvo una licenciatura en Bella Artes (BFA) del Massachusetts College of Art .

Gran parte de su inspiración para las formas y texturas de sus obras proviene de las del erizo de mar. Para realizar las esculturas de lápices, Jennifer hace uso de una variedad de lápices, aguja y costura. Toma cientos de lápices, los corta en pequeñas secciones de 1 pulgada, taladra un agujero en cada sección, los afila y los cose juntos.




























 

Sé todos los cuentos (León Felipe)





 

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.


León Felipe


Vielas de Alfama




 
Os traigo un fado cantado por Mariza.


Letra de la canción:

Horas muertas, noche oscura, una guitarra sonando, una mujer cantando su fado de amargura. A través de la ventana ennegrecida y quebrada, su voz apenada entristece a quién pasa. Vielas de Alfama, calles de Lisboa antigua, no hay fado que no diga cosas de vuestro pasado. Vielas de Alfama, besadas por la luna, ojalá pudiera quedarme para vivir junto al fado. La luna a veces despierta y pilla desprevenidas dos bocas muy unidas en una puerta entreabierta. Se sonroja la luna y se siente culpable, como quién pide disculpas se esconde avergonzada.

El desconocido (Octavio Paz)




Octavio Paz

El desconocido


La noche nace en espejos de luto.

Sombríos ramos húmedos

ciñen su pecho y su cintura,

su cuerpo azul, infinito y tangible.

No la puebla el silencio:

rumores silenciosos,

peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen.

La noche es verde, vasta y silenciosa.

La noche es morada y azul.

Es de fuego y es de agua.

La noche es de mármol negro y de humo.

En sus hombros nace un río que se curva,

una silenciosa cascada de plumas negras.


La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas.

Todo se funde en ese beso,

todo arde en esos labios sin límites,

y el nombre y la memoria

son un poco de ceniza y olvido

en esa entraña que sueña.


Noche, dulce fiera,

boca de sueño, ojos de llama fija y ávida,

océano,

extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras,

indefensa y voraz como el amor,

detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo,

río de terciopelo y ceguera,

respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona:

el desdichado, el hueco,

el que lleva por máscara su rostro,

cruza tus soledades, a solas con su alma.


Tu silencio lo llama,

rozan su piel tus alas negras,

donde late el olvido sin fronteras,

mas él cierra los poros de su alma

al infinito que lo tienta,

ensimismado en su árida pelea.

Nadie lo sigue, nadie lo acompaña.

En su boca elocuente la mentira se anida,

su corazón está poblado de fantasmas

y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho.

Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma.

Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas,

sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia,

el muro del perdón o de la muerte.

Pero su corazón aún abre las alas

como un águila roja en el desierto.


Suenan las flautas de la noche.

El mundo duerme y canta.

Canta dormido el mar;

ojo que tiembla absorto,

el cielo es un espejo donde el mundo se contempla,

lecho de transparencia para su desnudez.


Él marcha solo, infatigable,

encarcelado en su infinito,

como un solitario pensamiento,

como un fantasma que buscara un cuerpo.



Octavio Paz

Fin y principio. Wislawa Szymborska






Wislawa Szymborska



Fin y principio


Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.


Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.


Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.


Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.


Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.




Wislawa Szymborska

Chove en Santiago (Federico García Lorca)






Santiago de Compostela



Chove en Santiago

Federico García Lorca

Chove en Santiago (llueve en Santiago) es un poema de Federico García Lorca cantado por Ismael Serrano y Luar da Lubre.

Os pongo un video con la letra traducida.




A un gato (Jorge Luis Borges)

 

Jorge Luis Borges

A un gato

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.


Jorge Luis Borges



Os traigo un vídeo del poema

Noche canalla (poema de Javier Egea)




Javier Egea


Noche canalla



Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,

me guiaba su risa por la ciudad tan gris.

Ella tenía en su boca colinas de Ketama

y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.


Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre

en aquel cielo raso como un paño de tul.

Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin

y los labios morados como el Parfait-Amour.


La he perdido en un bosque de jeringas brillantes

por donde nos decían que se llegaba al mar;

se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,

por más que yo me muera no la podré olvidar.


Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.

Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.

Sólo queda el calor de mi pobre navaja.

Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.


A pesar de sus ojos he salido a la calle,

a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.

En un barrio de muertos me trajeron al mundo.

Esta noche canalla no respondo de mí.



Javier Egea



Granada ayer y hoy






Fachada del ayuntamiento de Granada

Granada ayer y hoy




He encontrado un video que es una comparativa entre la granada antigua y la de hoy. ¡Cómo cambia todo! en este caso para mejor.

El elefante encadenado (Jorge Bucay)





Jorge Bucay



El elefante encadenado


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal, pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?. ¿Por qué no huye?.

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?”

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía. Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás, jamás, intentó poner a prueba su fuerza otra vez.

Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad, condicionados por el recuerdo de «no puedo». Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón.


Jorge Bucay



Aquí está el cuento en la voz de su autor.

Las abarcas desiertas (Miguel Hernández)


Dibujo a carboncillo realizado en la cárcel por el dramaturgo Antonio Buero Vallejo. Miguel Hernández se lo envio a Josefina junto con una nota que decía: "No quiero dejar de cumplir en lo que puedo mi palabra, y ya que no puedo ir de carne y hueso, iré de lápiz, o sea, dibujado por un compañero de fatigas, como verás bastante bien. Se lo enseñarás al niño todos los días para que vaya conociéndome, y así no me extrañará cuando me vea."




Las abarcas desiertas


Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
-
Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
-
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
-
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el rio
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocio.
-
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
-
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
-
Ningun rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
-
Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
-
Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
-
Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
-
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.



Miguel Hernández



Joan manuel Serrat pone voz a este gran poema: